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Ganadores del I Concurso de Relatos Hiperbreves de Ciencia Ficción

. jueves, 15 de mayo de 2008
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Durante el pasado mes de febrero de 2008, se celebraron en Granada las VI Jornadas de Jóvenes Investigares organizadaas por la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI-Precarios) y la Asociación de Jóvenes Investigadores de Granada (ASI-Granada), de las cuales os hemos hablado profundamente en este blog. Como actividades paralelas a estas jornadas, se celebraron dos concursos: el VI Certamen de Pósters de Divulgación y, como novedad este año, el I Concurso Internacional de Relatos de Ciencia Ficción. Este último concurso fue todo un éxito de participación ya que se presentaron 137 relatos. Los ganadores de este concurso fueron los siguientes:

  • Primer premio: Manuel Pablo Pindado Puerta por "Cara o cruz"
  • Segundo premio: Mónica Basilio Hazas por "Concierto para una memoria"
  • Tercer premio: Carlos Burgos por "Ejercicio de ciencias"

Los relatos ganadores estaban sujeto a la licencia de libre distribución CreativeCommons, por lo que a continuación os mostramos los relatos ganadores, dándoles desde la redacción de “Investigar es Futuro” nuestra más sincera enhorabuena y deseándoles una mas que fructífera carrera literaria en este campo de la literatura.

1) “CARA O CRUZ” (Manuel Pablo Pindado Puerta)

“Estoy convencido de que Dios no tira el dado”

(Fragmento de una carta de Albert Einstein a Max Born, 1926)

–¡Basta ya! ¡Eso es una falacia, una herejía!

El sonido del puño del doctor Wolfowitz sobre la mesa, amplificado por cientos de altavoces, sacudió todo el auditorio como un trueno. Se había puesto en pie, y su pelo blanco y desordenado le caía sobre los ojos como a un demente. Aquello fue el detonante de una avalancha de gritos, imprecaciones, silbidos...

El profesor Josef Barnard, director del 176º Congreso Científico Intergaláctico, golpeó varias veces su mesa con el mazo, pidiendo silencio.

–Silencio, caballeros, les ruego que se comporten –Bramó con su voz grave y autoritaria por encima de los más de dos mil sabios allí congregados, llegados de todos los rincones del Universo conocido, ahora transformados en un ruidoso corro de agitadores. Barnard era un hombre grande y fuerte, que parecía más un minero de Titán que un experto en los delicados cultivos hidropónicos a bajas temperaturas que eran su especialidad, y su imponente presencia consiguió que los ánimos se calmaran lo suficiente para poder seguir hablando. Barnard aprovechó para dirigirse al orador que había causado aquel revuelo.

–Bien, profesor García. Estará de acuerdo en que su teoría es, por así decirlo, provocadora.

–Sí, señor, lo entiendo.

García era un hombre pequeño, como correspondía a alguien que había vivido toda su vida en la gravedad de la Tierra. Eso también le hacía parecer más viejo de los cuarenta y ocho años que tenía.

–Me gustaría que nos lo volviera a explicar todo desde el principio, si no le importa.

–Por supuesto –Contestó García desde el púlpito, mirando de reojo a las gradas. Había tenido un instante de pánico ante la iracunda reacción de sus colegas y algunas gotas de sudor le corrían por la espalda, pero comenzaba a recuperar la compostura –Bien, intentaré resumirlo, veamos. Todos hemos estudiado en algún momento de nuestra vida que, si se tira una moneda al aire un número suficientemente grande de veces, el número de veces que conseguiremos una cara será igual al de cruces. Esta es la base de lo que los antiguos, hace más de siete siglos, llamaron Teoría de las Probabilidades, que a su vez es la base de la

Estadística –Hizo una pequeña pausa para observar a su auditorio, y comprobó con satisfacción que volvía a tener su plena atención

–Como les decía, todo esto se basa en un experimento muy tonto y tedioso, tanto que nadie lo ha repetido desde hace siglos. Tirar una moneda al aire miles de veces. ¡Sólo encontrar una de esas viejas monedas ya resulta suficientemente difícil! Bien, pues mis compañeros y yo hemos pedido a algunos colaboradores que realicen este experimento en varios lugares distintos, en idénticas condiciones –Volvieron a escucharse murmullos, y García intentó apaciguarlos –Sí, ya sé que suena raro oír hablar hoy en día de la realización de un experimento, y más de uno tan sencillo, que cualquier niño podría realizar. Ya nadie hace experimentos, y deberíamos preguntarnos si eso es bueno. Basamos todas nuestras investigaciones en la simulación, los grandes ordenadores, aceptamos los resultados que nos dan, pero nuestro método científico ya casi no incluye la experimentación. Sin embargo, nosotros lo hemos hecho a mano, como se hacía antiguamente, y aquí tienen los resultados.

Y al decir esto, el doctor García se volvió hacia la inmensa pantalla de aluminio transparente situada detrás de él, en la que podía verse una multitud de gráficas y tablas.

–Ahí lo tienen. Dependiendo de en qué lugar del universo conocido se realice el experimento, los resultados son muy diferentes. Al tirar una moneda al aire, el número de caras no se aproxima al de cruces, es más, se aleja cuanto mayor es el número de ensayos. Unas veces hay más caras y otras más cruces. Solamente aquí, en la Tierra, se mantiene la misma proporción.

–¡Eso es ridículo! –Gritó alguien desde la zona de las gradas ocupadas por los investigadores de Andrómeda. García intentó ignorarlo.

–Hemos repetido el experimento en sitios alejados años-luz unos de otros. Por supuesto, también hemos hecho otros ensayos parecidos. Con dados, por ejemplo. Dados perfectamente equilibrados cuyas caras no aparecen el mismo número de veces según se tire en Lyra o en Tauro.

–¿Y por qué nadie se ha dado cuenta hasta ahora? –Esta vez la voz se oyó en la otra punta del gran salón de actos.

–Bueno, los ordenadores siempre han proporcionado resultados coherentes. Es cierto que se han detectado pequeñas anomalías aquí y allá, pero siempre las hemos explicado en base a cosas como las distintas atracciones gravitatorias, las altas velocidades y los corrimientos que provocan, la materia oscura, las interferencias en las transmisiones provocadas por la radiación de fondo... Creo que en eso también debemos culparnos a nosotros mismos. Hasta ahora, a nadie se le ha ocurrido que las llamadas Leyes Universales no lo sean tanto. Hemos introducido factores experimentales de ajuste y adelante. Además, por alguna misteriosa razón, esta variación en las probabilidades no se produce en la Tierra. Las mismas caras

que cruces, los mismos resultados con los dados…

–¡Pero entonces, nos está diciendo que todos los cálculos sobre sucesos que acontecen fuera de la Tierra que estén basados en la estadística estarían equivocados! ¡Es una locura! –Wolfowitz y su flequillo blanco volvían a agitarse frenéticamente.

–Sólo digo que pueden estarlo, que debemos revisarlos.

El profesor Barnard tomó de nuevo la palabra –Profesor García, usted es un científico riguroso, siempre lo ha sido. Me resulta difícil dudar de sus resultados. Los he estudiado varias veces, he hablado con su equipo, y no encuentro ningún fallo. De cualquier forma, estará de acuerdo en que parece un método arriesgado, querer comprobar una teoría sólo en base a la experimentación, desconfiando de las simulaciones. Supongo que usted lo habrá comprobado mil veces antes de venir aquí a jugarse su carrera ¿Verdad? –García asintió, agradecido por esa muestra pública de apoyo. Barnard continuó –Bien. Si lo que dice fuera cierto, la única explicación aceptable sería que hubiera alguna fuerza en el universo lo suficientemente fuerte para influir en las probabilidades. Sé que tiene una teoría al respecto ¿Podría ponerla en conocimiento de todos?

García guardó silencio unos segundos. Sí, tenía una teoría, pero ¿Estaban aquellos hombres preparados para escucharla? En fin, un poco más de escándalo ya era indiferente, así que inspiró profundamente y lo dijo:

–Creo que hay una inteligencia superior a la nuestra que introduce esas variaciones en las probabilidades, a su antojo.

El griterío volvió a hacerse ensordecedor. García recorrió las gradas con la mirada. Hombres tranquilos, metódicos, la flor y nata de la ciencia, se comportaban de repente como tripulantes de carguero estelar en su noche de permiso, dando golpes y patadas, silbando y gritando. Uno de los hombres de la estación de investigación Hawking consiguió hacerse oír por encima del estruendo.

–Entonces, ¿Por qué no se produce el mismo fenómeno en la Tierra? Si esos seres son tan poderosos, ¿Por qué no extienden su inmenso poder hasta este humilde planeta? –Era imposible no darse cuenta del tono burlón de la pregunta, aunque el profesor García prefirió ignorarlo.

–No estoy seguro, aunque quizás sea porque, si lo hicieran, nos habríamos dado cuenta mucho antes. La Tierra es el único lugar donde se siguen permitiendo los juegos de azar, los casinos, las apuestas. Ya saben que, por seguridad, se prohibió el juego en cualquier instalación fuera del planeta. Si la ley de probabilidades cambiara aquí, cualquier jugador un poco despierto se habría dado cuenta.

–¡Pero llevamos siglos explorando el Universo! Siempre se pensó que era imposible que la raza humana fuera la única en un espacio tan infinito, la misma ley de probabilidades lo indica. Hemos enviado miles de misiones de reconocimiento a planetas escogidos al azar y en ninguno se ha encontrado vida ni nada que se le parezca ¿Cómo explica eso?

García carraspeó un poco antes de responder. La gente volvía a calmarse y a mirarle. Aquel iba a ser su momento de gloria, el que la mayoría de los científicos esperaban durante toda su vida sin que llegara, afanándose día tras día entre las cuatro paredes de su despacho.

–Bueno, es fácil, usted mismo se ha respondido en parte. No es necesario que les explique que la igualdad de probabilidades es la base de la estadística, de la estimación de sucesos, la distribución gaussiana, ¡Todo! La ciencia descansa completamente en la estadística. Contéstenme, por favor: ¿Cómo se eligieron esos planetas a visitar?

El doctor Barnard, el director del congreso, fue el primero en contestar –Los eligieron los ordenadores, no se pueden explorar todos los planetas, hay demasiados, así que se eligieron algunos según un patrón estadístico completamente aleatorio que... –De pronto se detuvo.

–¿Se dan cuenta? –García estaba casi gritando, mirando a la parte más alta de las ahora silenciosas gradas, con los brazos extendidos hacia delante, como la gigantesca estatua de Gagarin extendía sus brazos desde Plutón hacia el exterior del Sistema Solar –¿No es verdad que todos esos cálculos estadísticos se hicieron en ordenadores basados en las leyes de la probabilidad que conocemos en la Tierra? ¿No es cierto que esos cálculos usan también números aleatorios? ¿Qué pasaría si esas leyes ya no fueran válidas?

El silencio llenó el vasto edificio de cristal, y García tradujo en palabras lo que pasaba por las mejores dos mil mentes de la raza humana.

–¿No es posible que esos seres hayan alterado la ley de probabilidades sencillamente para que no les encontremos nunca?

La pequeña nave de reconocimiento encendió los sistemas de frenado al aproximarse al planeta XM-654. La tripulación la componían sólo dos hombres, el comandante Sullivan y el piloto Wang. Eran exploradores veteranos que habían visitado más de cien planetas diferentes sin encontrar nada más que algún filón de mineral, muchos peligros y ninguna atmósfera que fuera respirable para el frágil organismo humano.

–Ahí está esa maldita bola de basura sideral –Dijo Wang con evidente disgusto señalando a la gris circunferencia en la pantalla –¿Sabes, Sullivan? Estoy más que harto de esto. No entiendo por qué ahora, de repente, se ha vuelto tan urgente explorar nuevos planetas. Dicen que esos malditos cabezas cuadradas de batas blancas han vuelto a calcular los planetas con más posibilidades de contener algo vivo ¡Bobadas! Llevo años oyendo lo mismo y nunca hay nada ¡Nada!

Sullivan apartó la vista de la pantalla para mirarle. También estaba cansado. Llevaba tres días sin afeitarse, y la nave empezaba a parecerle una cárcel. Aquella iba a ser su última misión antes de unas largas y merecidas vacaciones en las termas de Venus. La exploración del planeta les llevaría varios días. Maldición, ya tenía ganas de abrazar a una mujer.

–Tienes razón. ¡Al diablo con ello! Te diré lo que vamos a hacer –Con una sonrisa misteriosa se llevó una mano al bolsillo y sacó su viejo amuleto, herencia de generaciones de Sullivans que se perdían en la memoria –¿Sabes lo que es esto? Es una moneda. Apuesto a que nunca habías visto una. La tiraré al aire, si sale cara, aterrizamos y exploramos; si es cruz, nos largamos a casa y decimos que éste era otro planeta sin nada de interés, uno más entre miles. Nadie se enterará nunca – Y el comandante Edgar O. Sullivan lanzó al aire la moneda, que giró perezosa en la gravedad artificial de la nave, cayendo hacia su mano abierta.

En ese momento algo plano y grisáceo, de tamaño descomunal, esbozó el equivalente a una sonrisa bajo las nubes de gas del planeta XM-654, al tiempo que enviaba un rayo mental hacia aquel trocito redondo de metal que daba vueltas. Se estaban acercando, pensó. El sencillo truco que durante siglos les había servido para ocultarse había sido finalmente descubierto. Ahora habría que reunir al consejo.

Tendrían que pensar otra cosa para mantener alejados a aquellos seres insignificantes pero, sin embargo, tan animosos.


2) "CONCIERTO PARA UNA MEMORIA" (Mónica Basilio Hazas) .

El doctor fue muy claro: “El virus de herpes simple que invadió el cerebro de Víctor destruyó parte de sus lóbulos temporales mediales, los cual significa que ha perdido la memoria. De ahora en adelante no podrá formar nuevos recuerdos ni evocar los anteriores”.

Sin embargo, la rapidez con que habló el médico era inversamente proporcional a la rapidez con la que Leonor comprendía su futuro y el de su hermano. Ella, una matemática y profesora de bachillerato, quedaba a cargo de uno de los mejores pianistas del país.

Meses después y a pesar de verla todos los días, Víctor ni siquiera recordaba que tenía una hermana. Leonor, cada vez se sentía más cansada de repartir su tiempo entre su vida profesional y su hermano.

Todos los días, al llegar del trabajo, ocurría lo mismo.

-¿Quién eres?

-¿No me reconoces? Soy tu hermana, Leonor.

-¡Leonor! Tanto tiempo sin verte, es grato recibir tu visita

Una noche, mientras escuchaba cantos gregorianos, oyó que Víctor trataba de imitarlos. ¿Acaso él recordaba cómo cantar? Ciertamente sabía hablar, leer y escribir en español; pero el interpretar una partitura… Leonor buscó un sencillo ejercicio de solfeo y se lo dio a su hermano. “Un código realmente extraño”

Desde ese día una inquietud quedó plantada en Leonor. La memoria de Víctor no se relacionaba con las demás funciones de su cerebro. Entonces, ¿cómo funcionaban esos 1 300 gramos de neuronas? Habría que investigar.

Durante dos semanas buscó varias revistas científicas hasta que encontró una que hablaba sobre la memoria. Leonor leyó acerca de la definición de recuerdo: “Una configuración de conexiones conformada por las neuronas del cerebro. Cada punto en el que se conectan las neuronas se llama sinapsis. Las aproximadamente 100 000 millones de células cerebrales pueden formar de 500 a 1000 billones de sinapsis, el equivalente a una memoria de 100 giga bites”

También encontró una breve explicación sobre el proceso en que las percepciones se convierten en recuerdo. Partes de la corteza cerebral reciben señales sensoriales que se conservan por fracciones de segundo. La corteza recibe la información y la tiene disponible para su uso al momento. Tras un breve período de tiempo, algunos recuerdos, con ayuda del hipocampo y los lóbulos temporales mediales, pasan de ser memoria de corto plazo a ser

memoria de largo plazo. El hipocampo enlaza los recuerdos y estos, una vez codificados, residen en la corteza, listos para ser utilizados.

La información más importante que encontró se relacionaba con los tipos de memoria: Hay memoria para hechos y sucesos, memoria para hábitos y habilidades y memoria emocional. Víctor sólo se había dañado la primera memoria, entonces… Leonor saltó de alegría. ¡Su hermano podía tocar el piano, entonar su voz, sentir una melodía! Aunque no supiera quién era su hermana, podía sentirse en confianza con ella. Sabía razonar, nadar y lo mejor de todo, ¡podía aprender nuevas habilidades!

Leonor fue hacia el estudio musical, casi olvidado. Desempolvó el piano de cola y llamó a Víctor. Lo invitó a tocar una pieza.

-Nunca he tocado el piano.

-Es muy fácil. Sólo tienes que intentarlo.

-No me sé ninguna melodía.

-En ese caso, coloca tus dedos sobre el teclado y deja que tu mano te guíe.

Un acorde de do mayor, la escala de mi menor y finalmente, una pequeña pieza de Bach. Las manos de Víctor se movían ahora rápido, ahora lento, la izquierda iba por un lado, la derecha por otro, de agudo a grave, de forte a piano. Sus dedos bailaban y su corazón sentía. Todo en perfecta armonía. Al siguiente día, aún extasiada por la experiencia del día anterior, Leonor fue a dar sus clases. Mientras caminaba hacia el salón de maestros pasó cerca de una clase de biología: “Durante décadas, los neurólogos aseveraron que era imposible regenerar las células cerebrales. Fernando Nottebohm, biólogo de la Universidad de Rockefeller, descubrió que los canarios adultos generan nuevas neuronas para sustituir las perdidas. Cuando las aves hallan nuevas fuentes de alimentos, conocen nuevos compañeros sociales, o aprenden nuevos cantos, este reemplazo alcanza su mayor apogeo. Con el avance de las investigaciones, hoy podemos afirmar que los seres humanos también fabrican neuronas nuevas”

Leonor meditó lo que acababa de escuchar: Si se aprenden nuevos cantos se generan nuevas neuronas. Los canarios cantan porque no tocan el piano. El piano es una extensión del cuerpo. Cuando se aprende una nueva pieza musical se lee la partitura, se aprende qué notas van y el cuerpo aprende hacia dónde moverse. El cuerpo aprende con la memoria de habilidades. Víctor puede aprender nuevas piezas para piano. Por lo tanto, ¡Víctor puede generar nuevas neuronas!

¿Sería posible que Víctor recuperase su memoria o, por lo menos, su capacidad para recordar hechos y sucesos? En ese caso, ¿cómo lograr que se aprendiera una nueva pieza?

Tal vez si ella desarrollara un programa de computadora al que, con indicarle las frecuencias, duración y orden de los sonidos, fuera capaz de mostrar un piano que ejecutara tal sucesión…

La redonda vale cuatro tiempos, la blanca dos, la negra uno, la corchea un medio, la semicorchea un cuarto… el metrónomo indica el tempo… clave de sol y clave de fa, tonos y semitonos…una onda de sonido con una frecuencia de 440 Hz equivale a la nota “la”. El programa era viable si se usaban conocimientos de música, física, computación y matemáticas.

La ecuación correcta, Leonor festejó su invento y le introdujo varias de las últimas composiciones de los músicos de su tiempo. El sábado en la mañana probaría si todo su esfuerzo valió la pena.

-Víctor, ¿crees que puedas tocar lo que te indica la pantalla?

-Nunca he tocado el piano; pero lo intentaré.

-Primero tocas con la mano derecha, luego con la izquierda y después las juntas.

-Claro, perdón, ¿qué debo hacer?

-Tocar lo que te indica la pantalla.

-Nunca he tocado el piano; pero lo intentaré.

Víctor no tardó mucho en aprenderse la nueva pieza. Leonor trabajó con él el resto de las composiciones durante toda la semana. Al siguiente viernes, cuando estaba a punto de entrar a su casa, su hermano abrió la puerta y le dijo:

-¿Eres Leonor? Ven y escucha lo que puedo hacer con el piano.



3) "EJERCICIO DE CIENCIAS" (Carlos Burgos)

– ¿Cuántos tienes ahora?

–Unos cuantos. Quiero asegurar el aprobado.

–Espero que no lo hayas vuelto a basar en reptiles; es original pero su capacidad evolutiva es muy limitada.

–No, he aprendido y no vuelvo a arriesgarme. El problema tanto de los reptiles como el de los peces es que no necesitan evolucionar, son demasiado perfectos.

–El primero que presenté fue con homínidos pero se aniquilaron al descubrir las armas nucleares.

–Sí, es frecuente, es una fase delicada y obligatoria. En uno de los que tengo ahora ya la han superado, pero están agotando los recursos del planeta que les asigné y creo que tampoco voy a poder conseguir una buena nota con ellos.

– ¿Es muy difícil conseguir que comiencen los viajes espaciales?

–En mi caso lo prefiero, no he tenido tiempo para diseñar un Cosmos en condiciones y me resultaría difícil contenerlos.

–Pon antimateria y agujeros negros para que se lo piensen. Yo he trabajado con distancias muy superiores a lo que puede abarcar su comprensión. No se dan cuenta que el secreto no está en mirar exclusivamente hacía las estrellas sino en mirar también en el microcosmos que alberga cada uno en su interior. Son incapaces de ver el abismo que llevan dentro.

–A mí se me a ocurrido agregar dimensiones, pero en el curso anterior suspendieron a varios por ser…”demasiado originales”. Aunque tampoco he visto que hubiese proyectos realmente interesantes.

–El más avanzado que yo he visto este curso tiene homínidos colonizando planetas.

–Impresionante.

–No creas, vuelven a reincidir en problemas que se supone que ya debería tener solventados antes de abandonar el suyo.

– ¿Guerras por recursos, fragmentación política y religiosa…

–Sí, he llegado a la conclusión de que la facilidad evolutiva de los homínido se debe a lo imperfectos que son. Vamos, evolucionan por pura necesitad.

– Es cierto, aunque ellos siempre están convencidos de lo contrario. Esa es la razón de que probase con reptiles.

–Me desanima ver como intuyen que será su futuro con las emulaciones de ficción que hacen para entretenerse.

–Yo sin embargo me habría aburrido mucho si no fuese por sus series y películas de ciencia ficción. Pero es cierto que en ellas se ve su miedo a que las cosas sean diferentes. Los argumentos están casi siempre ligados a su historia medieval.

–Para mí el principal problema que presentan es su miedo a lo desconocido y su necesidad de apoyarse en la mística.

–Sí la religión lo destruye todo. Teniendo en cuenta que gran parte de sus conflictos bélicos se producen por eso o por intereses materiales.

–Por cierto, ¿cómo haces cuando se malogra uno de tus proyectos?

– ¿El de los reptiles por ejemplo?

–Por ejemplo.

–Lo “reseteo” y empiezo uno nuevo.

– ¿En el mismo planeta? ¿No es mejor cambiar?

–Se pierde mucho tiempo y mucha energía.

– ¿Y cómo haces para no destruirlo todo?

–En ese caso utilicé un meteorito que colisionó con el placenta eliminado a las especies más grandes, alteró el clima dando protagonismo a otras que estaban relegadas por su tamaño pero que sobrevivieron a las bajas temperaturas por tener pelo.

– ¿Y no queda constancia de eso en el “histórico” del proyecto?

–Sí pero creo que lo enriquece y que puede ayudarme a conseguir nota.

–Yo utilicé los fragmentos del que se malogró por una hecatombe nuclear enviando bacterias congeladas en agua de meteoritos a un planeta próximo, pero no voy a incluirlo en la documentación del proyecto porque sus moradores están convencidos de que la vida se originó en suyo.

–Puedes argumentar que es frecuente que sea así.

– ¿Y cómo crees que puedo hacer que empiecen a creer en la colonización de otros planetas?

–Yo he probado a poner al alcance de su corta vista un planeta similar al suyo con características circunstanciales muy parecidas.

– ¿Y?

–Pues no sé, creo que ha contribuido a que descuiden más el suyo, que por cierto, ya tiene cinco veces la población que debería tener, según sus propios expertos, aunque estoy totalmente de acuerdo con ellos.

–Es un proyecto complicado, porque creo que si lo consigues empiezan a conquistar otros proyectos menos avanzados. Raptan a individuos y les hacen pruebas para determinar si pueden hacerse con su entorno.

–Por eso los he separado. Sólo podrían encontrarse si aprendiesen a plegar el tiempo, la utilización de los agujeros de gusano, o a aprovechar la energía de las estrellas, pero no soy tan optimista.

– ¿Qué crees que habría que presentar para conseguir la máxima puntuación?

–Pues la armonía entre ellos y el universo que los contiene, el dominio de la materia y de la antimateria, el abandono de ella dejando el cuerpo para fluir como energía inteligente, benévola y autosuficiente, el retorno de sus átomos al universo que se los cedió a través de una estrella.

–Es bonito eso de que los homínidos tengan que convertirse en lo que les dio la vida. En estrellas. El contenido convirtiéndose otra vez en el continente.

–Una vez integrados así en el cosmos se completa el círculo. Tienen que entender que su existencia es en pos de la luz y no del foco que la emite. Que ellos son la única divinidad.

– ¿Y nosotros?

–Nosotros estamos fuera de su “universo”, es sólo un ejercicio de ciencias.

– ¿Oye tú crees que nosotros podemos ser el experimento de ciencias de alguien?

–No digas tonterías.

–Pues yo lo pienso incluir la documentación anexa, así a lo mejor me aprueban esta vez.

–Ni lo sueñes, es muy arriesgado, te suspenden seguro.

–Otros trece mil quinientos millares de eones estudiando.

–Bueno tampoco es tanto. ¿Te tomas algo conmigo después?

–Sí.

Nº1 "Especial VI Jornadas de Jóvenes Investigadores". Investigar es Futuro

. lunes, 3 de marzo de 2008
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Autor: JOSÉ OLIVARES PASCUAL
Profesor de Investigación vinculado ad honorem, Estación Experimental del Zaidín, (EEZ-CSIC)


El presente es el futuro del pasado y si no todas, la mayoría de las características de este presente a nivel personal, social, económico, tecnológico y ecológico o medio ambiental, derivan del manejo de los recursos que se haya hecho en el pasado y, por supuesto, de los conocimientos adquiridos y puestos en práctica. La investigación ha jugado un papel importante y los avances tecnológicos de los que la sociedad disfruta hoy día a todos los niveles han dependido del esfuerzo mental de unos pocos antes y muchos después, y así seguirá por lo que el futuro dependerá del trabajo de hoy.

Desgraciadamente la investigación no es reconocida socialmente como debería esperarse. Muchos, por lo que se deduce de los resultados de diferentes encuestas, la consideran cuando no va dirigida a la mejora de un palpable bienestar en general y, especialmente, a la lucha contra las enfermedades, “la conquista de lo inútil”, como Lionel Terray, famoso escalador, calificaba al alpinismo. Los tres siglos que se han necesitado para descifrar el teorema de Fermat, que a primera vista parece no servir para mucho, o el esfuerzo que se está poniendo para dilucidar la existencia de los agujeros gusano que hipotéticamente unen galaxias o posibles universos, ambos temas tan lejos de nuestra vida práctica, parecen a la mayoría de la sociedad una pérdida miserable de tiempo cuando se vive en un mundo lleno de problemas. Pero no hay que olvidar que investigar es curiosear, característica inherente al ser humano, que busca el por qué de lo que se le pone delante, y que en investigación no hay compartimentos estancos, todo está relacionado y lo que a primera vista parece no tener implicación alguna, con el tiempo ningún resultado se pierde. Quizá los propios investigadores, aislados en nuestro trabajo, no hemos sabido comunicar la transcendencia de lo aparentemente intranscendente.

Como el futuro depende de lo que haya sido su pasado y habida cuenta de la repercusión de la investigación en el desarrollo global de la vida, cuanto más y mejor se investigue ahora mejores perspectivas habrá. El entusiasmo de las personas que se dedican a esta labor no es suficiente. Es necesario que los que ponen los recursos humanos y económicos para llevar a cabo esta actividad no escatimen esfuerzos para dotar a los grupos de investigación de personal científico y de apoyo así como de las instalaciones necesarias para el desarrollo de su labor. También se debe tener en cuenta que, aunque la sociedad, que al fin y al cabo es la que de una manera u otra soporta la ciencia, pida resultados prácticos en temas concretos, tiene que ser consciente de que ningún campo por básico que sea debe quedar sin ayuda, pues en el incremento global de los conocimientos va a estar el verdadero éxito futuro. La investigación, como decía Echegaray, “no es vana gimnasia de la mente, fugaz relampaguear de la fantasía, juego pueril que para nada sirve”, es escudriñar lo escondido con los conocimientos y medios que nos han puesto los que han trabajado antes que nosotros. Somos su futuro como nosotros seremos el pasado de los que nos sigan. Nuestro entusiasmo por la ciencia ha de ser transmitido junto con los conocimientos y espíritu de sacrificio. Hay que tener en cuenta que la investigación exige dedicación, además de medios, porque para seguir su ritmo establecido hay que luchar competitivamente. En este trabajo no ocurre como en las olimpiadas, que al correr los cien metros el primero que llega obtiene la medalla de oro, el segundo la de plata y el tercero el bronce. Aquí el que alcanza un resultado en segundo lugar no recibe ni un diploma de consolación, ha perdido todo el tiempo dedicado a esa tarea y sólo ha ganado desilusión para seguir adelante. Por el contrario, si la suerte, fruto del esfuerzo, le sonría verá recompensados todos los malos ratos que el transcurso de su trabajo le ha deparado.

No se debe olvidar, por otra parte, que hace ya tiempo que desapareció la figura del científico solitario. Hoy, y mañana seguirá igual, la investigación es asunto de grupo, que ha de funcionar como si de una orquesta se tratara. Bajo la batuta de un buen director tan importante es un violinista como el que toca los timbales. Lo importante es que la sinfonía suene como tiene que ser. Para que la investigación produzca su fruto, junto al jefe, los investigadores, becarios y técnicos han de trabajar al unísono, cada uno en su misión, y ser adecuadamente reconocidos en el papel que desempeñan sin olvidar que de todos en su conjunto dependerá el futuro de la ciencia y como consecuencia un mundo mejor. Lo que sembremos hoy será el fruto de mañana.

Nº1. Web 2.0 y conocimiento libre: ¿Hacia la reinvención de las comunidades científicas?

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Autor: JUAN FREIRE. Universidade da Coruña
http://nomada.blogs.com/
http://recursosmarinos.net/


A pesar de que las universidades y las comunidades científicas nacen en la tradición de la colaboración y el conocimiento abierto, su evolución reciente las ha llevado a una reducción progresiva de este modelo abierto por la predominancia de los objetivos de la protección estricta de la propiedad intelectual tanto en la educación (por ejemplo, en la creación de contenidos) como en la ciencia (por ejemplo, a través de los sistemas de patentes).

Internet desafía el paradigma de la protección absoluta de la propiedad intelectual, el copyright, al demostrar que el paradigma del código abierto (que permite el acceso abierto y la remezcla creativa de contenidos) presenta importantes ventajas competitivas, dado que genera un aumento de creatividad y productividad. Este nuevo paradigma de conocimiento abierto nace, entre otras, de las tradiciones del software libre y de la práctica tradicional de las comunidades científicas. Internet y la digitalización del conocimiento ofrecen, por tanto, grandes posibilidades para el desarrollo de proyectos que apliquen los paradigmas del acceso abierto a la información y la construcción colaborativa de conocimiento.

¿Qué es el conocimiento abierto?

El software libre ha generado un importante movimiento social con muchos evangelizadores y defensores apasionados, lo que ha acabado por situarlo en el debate público y dado a conocer su potencial. A su vez, han nacido diversas iniciativas empresariales que desarrollan modelos de innovación basados tanto en el software libre como en ideas derivadas, como las APIs abiertas, los mashups, o incluso publicaciones científicas de acceso abierto, etc. Por el contrario el paradigma del conocimiento libre ha suscitado un menor interés, que en gran medida se ha restringido a sectores minoritarios. En buena parte esto ha sido así por las dificultades para la identificación de sus características básicas. Así, en muchas ocasiones se confunde con el acceso abierto ligado al proceso editorial, una parte importante, pero no la única, en el proceso de producción y distribución de conocimiento.

Siguiendo el paradigma del software libre, los modelos abiertos y colaborativos de producción de conocimiento podrían definirse por cuatro propiedades básicas:

independiente (free speech) de las autoridades políticas o fuerzas económicas

gratuito (free beer) o con un coste muy bajo (que no represente una barrera de entrada insalvable)

reutilizable para su recombinación con otras "piezas" de conocimiento que permitan la construcción, “remezcla”, de nuevo conocimiento

modular o granular, que implica la posibilidad de descomposición de un problema complejo en módulos que se pueden construir de modo independiente para después ser ensamblados.

Estas propiedades conllevan la libertad de acceso y distribución, pero también de reutilización para su remezcla en nuevos “productos”. Al tiempo, estas características aluden directamente a características legales y al propio diseño tecnológico y conceptual del proceso creativo. Así, estas características tendrían como consecuencia el desarrollo de la capacidad generativa del sistema. Si un sistema abierto, bien conectado y escasamente limitado por reglas dispone de suficiente tiempo, las interacciones entre sus elementos generarán una inmensa diversidad de estructuras y dinámicas. La creatividad del sistema depende de su capacidad generativa, y no es controlable ni predecible pero si “diseñable” configurando sus propiedades. A esta conclusión han llegado, entre otros, científicos, músicos, programadores o diseñadores de videojuegos, y debería proporcionar inspiración a todo aquel interesado en lograr sistemas u organizaciones (sean universidades, empresas, ciudades o comunidades de usuarios) innovadoras y creativas.

Al igual que en ocasiones se asimila conocimiento libre con acceso abierto, en otras se centra la cuestión en el concepto de conocimiento en sentido estricto, dejando al margen a la información y los datos que soportan el proceso de creación de conocimiento. Se considera que el conocimiento es “más” que la información, y la información es “más” que los datos. La información serían datos organizados y estructurados mientras que el conocimiento sería la información interpretada y puesta en contexto. Bajo este esquema lineal, se adjudica una gran importancia sólo al resultado final. Este es el modo de actuación habitual, por ejemplo, en el caso del conocimiento científico generado con financiación pública.

Pero, cada vez más, los “datos” (los datos “crudos” acompañados de sus metadatos) son igual de relevantes que lo que consideramos información o conocimiento. En la era digital es imposible construir nuevo conocimiento sin bases de datos, por lo que restringiendo su acceso limitamos seriamente la capacidad creativa. Por otra parte, el conocimiento es una interpretación y uso, de entre muchos posibles, de los datos; incluso la información es una organización y combinación, de entre muchas posibles, de los datos disponibles. El acceso a los datos, no ya a la información o al conocimiento, es fundamental para que otros puedan usarlos de forma diferente respondiendo a nuevas preguntas o utilizándolo de una forma innovadora y creativa.

El papel de Internet y de la web 2.0

En el desarrollo de modelos de conocimiento libre es esencial el papel de la digitalización y de Internet. Por una parte, las tecnologías de la información han reducido de modo radical los costes, barreras, para el acceso y la transferencia de información. Además, la arquitectura y los estándares abiertos en que opera Internet favorecen la capacidad creativa de sus usuarios.

El desarrollo de lo que se ha denominado web 2.0 incrementa estas características positivas del Internet al reducir aún más las barreras tanto de acceso como a la producción de contenidos o conocimiento. Así, la web 2.0 podría ser definida desde un punto de vista tecnológico como un sistema de aplicaciones en Internet (blogs, wikis, herramientas sociales, etc) con capacidad de integración entre ellas y que facilita la creación y publicación de contenidos por los usuarios. Pero, al tiempo es un “caballo de Troya” para la introducción de un nuevo paradigma social y cultural, aquel asociado con el concepto de conocimiento abierto y sus cuatro propiedades comentadas más arriba. En este sentido, se podría identificar como un conjunto de tecnologías para la creación social de conocimiento, incorporando tres características esenciales:

1) Tecnología: Internet se mueve con la web 2.0 del “push” al “pull”; desde una era 1.0 asociada con los viejos portales altamente jerarquizados controlados por un pequeño grupo de creadores, a los motores de búsqueda, los agregadores y el contenido generado por los usuarios que caracterizan la era 2.0.

2) Conocimiento: la web 2.0 desafía el paradigma de la protección absoluta de la propiedad intelectual, el copyright, al demostrar que el paradigma del código abierto (que permite el acceso abierto y la remezcla creativa de contenidos) presenta importantes ventajas competitivas, dado que genera un aumento de creatividad y productividad. La web 2.0 refuerza el paradigma de conocimiento abierto al reducir el coste de distribución hasta hacerlo próximo a cero y diseñar los contenidos bajo un modelo claramente modular haciendo especialmente sencilla su remezcla.

3) Usuarios: la transición de consumidores a usuarios activos que participan como creadores y “comisarios” caracteriza a la web 2.0. Se ha denominado en ocasiones a este proceso como la “revancha de los amateurs” dado que modifica los papeles tradicionales de los agentes implicados en la cadena de valor de la creación y consumo de conocimiento.

Autoridad en la Internet social y calidad del conocimiento

La Internet social, el conjunto de modos de comunicación y colaboración que constituyen la web 2.0, supone en cierto modo la desaparición de los intermediarios del conocimiento. Medios de comunicación, editores, autoridades académicas y políticas, marcas, etc. constituyen intermediarios necesarios en el mundo analógico para la construcción y comunicación de nuevo conocimiento. Estos intermediarios alcanzan ese papel, construyen su autoridad, por diversos mecanismos, algunos relacionados, pero otros no, con la calidad de sus aportaciones.

En el mundo digital, especialmente con el surgimiento de herramientas de la web 2.0 como blogs y wikis, desaparece la necesidad de esos intermediarios tradicionales. Como consecuencia los “mercados del conocimiento” se reconfiguran, se transforman en nuevos “mercados” mucho más grandes y sometidos a otras reglas de funcionamiento. Entre otros fenómenos, surge la “larga cola” y, al aumentar el tamaño de la comunidad de creadores de conocimiento, muy posiblemente aumente la calidad de ese conocimiento, pero también las dificultades para su descubrimiento. Estas dificultades son las que determinarían la necesidad de una autoridad. Pero esta autoridad, al igual que en el caso de la jerarquía, no tiene por que estar impuesta ya externamente ni definida de un modo unidimensional. Cada usuario tiene la capacidad de seleccionar sus propios criterios, más o menos arbitrarios, para otorgar la autoridad a sus fuentes.

Que desaparezca la necesidad de intermediarios no significa que en la práctica desparezcan esos intermediarios. Primero, este es un proceso aún incipiente en el que, en estos momentos, conviven mezclados ambos mundos con modelos diferentes de construcción de autoridad. Y segundo, y mucho más relevante, la explosión de información y conocimiento que acompaña a Internet exige un esfuerzo muy superior del usuario que debe enfrentarse a volúmenes de información mucho mayores y debe construir nuevos filtros que le permitan identificar el conocimiento que le interesa o en el que puede confiar. Antes, al no existir esta posibilidad, ese trabajo lo realizaban los intermediarios y nuestra única opción era confiar, a veces ciegamente, en sus criterios. Por ejemplo, cuando los periódicos eran la única fuente, la información periodística podía ser de una calidad equivalente a la actual, pero esta calidad no se solía cuestionar pues no contábamos con alternativa. Hoy en día, los medios tradicionales compiten con otras formas de información y, como consecuencia, son mucho más cuestionados.

Pero siempre existirá una parte de los usuarios que prefieran utilizar a los intermediarios tradicionales o a otros nuevos (por ejemplo agregadores de blogs o la misma Wikipedia) como alternativa al trabajo individual de búsqueda, evaluación y filtrado de la información y de creación de conocimiento. La falta de interés o de tiempo pueden ser razones muy comunes para optar por esta vía. Pensemos que la libertad que otorga la Internet social tiene como contrapartida una mayor exigencia para el usuario y una mayor relevancia de su responsabilidad individual.

Si nos centramos en las comunidades científicas, una de las preguntas más relevantes para la que a día de hoy aún no existe respuesta es hasta que punto la exuberancia de información llevará (o no) a los científicos (y al público y usuarios interesados) a buscar autoridad en nuevos intermediarios construidos a imagen de los tradicionales (como las editoriales o las sociedades científicas).

Nº1. Historia de la Ciencia: El legado de al-Andalus a la Ciencia

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Autora: PALOMA PIZARRO TOBÍAS


“No descuides las tablas fidedignas que alcanzan hasta el fin de los tiempos pues espero alcanzar el secreto de su ciencia...” Abd al-Rahman II

Paradójicamente, el origen del esplendor científico de la época andalusí tuvo una gran base cristiana debido a que, en los inicios de la ocupación, la mayor parte de los llegados eran soldados sin instrucción alguna. Pronto, durante el reinado de Abd al-Rahman II (822-852), nuevos conocimientos llegan traídos por mercaderes, viajeros, científicos y orientales. Aunque cada descubrimiento relacionado con sus orígenes nos trae nuevas dudas, especialmente si tenemos en cuenta que al-Andalus nunca fue un territorio fijo.

En esta época ya comienzan a aparecer nombres ilustres como el de Yahyà al-Gazal, embajador en el Próximo Oriente, que trajo consigo el arte de la fabricación de la seda, conocimientos sobre astrología, introdujo el ajedrez en la Península y dio noticias de las primeras composiciones de poesía erótica oriental. Abbás b. Fimás, de origen rondeño fue el inductor en al-Andalus de las tablas astronómicas, construyó un “planetario”, intentó volar e introdujo la talla del cristal de cuarzo. Sin embargo, la medicina seguía siendo feudo cristiano y se practicaba según un libro traducido al árabe denominado “Aforismo” (suma o compilación).

Ya, en el siglo X, se inicia en Córdoba una socialización de la medicina y la farmacología, existiendo un efímero califa que, por primera vez en España y tal vez en el mundo, creó un Ministerio de Investigación y Sanidad. Nos encontramos ante el primer siglo de oro de la España musulmana. De Oriente se importan materiales y técnicas de construcción, libros de letras y de ciencias (como el de Astronomía de al-Battani) y en torno a la casa Real se forman grupos de estudiosos que aportaban nuevos conocimientos traídos allende sus fronteras. El papel más importante lo representa el príncipe al-Mustansir, quien fue un humanista integral, estudioso de filosofía, lógica, medicina, aritmética, geometría, astronomía, música, mecánica y alquimia. Instituyó una época de tolerancia religiosa y política, apoyando indistintamente a los sabios judíos y cristianos. Aparecen los primeros astrolabios y cuadrantes (cuarta parte del astrolabio), se avanzó muchísimo en medicina recogiéndose la existencia de médicos y fármacos gratuitos suministrados por palacio, llegándose a una esperanza de vida parecida a la actual. Destaca la figura del gran médico y cirujano cordobés Abú-l-Qasim al-Zarahwi (936-1013), quien escribió toda una enciclopedia médica en la que se trataban nuevas técnicas como el uso de alucinógenos para tratar enfermos mentales, tipos de sutura, describe la hemofilia y nuevos instrumentos, pero abusa del cauterio. Es sobresaliente, también, el avance de la industria química con la fabricación de jabones, perfumes y alcoholes.

Con el avance de la Reconquista, los cristianos capturan gran cantidad de sabios árabes que se ven obligados a transmitir sus conocimientos. Ejemplos destacables los encontramos en la persona de Ramón Llull (en el siglo XIII) quien estudió con su esclavo sarraceno, y en Alfonso X el Sabio quien obtuvo conocimientos de judíos y mozárabes. Toma importancia “el grupo de Toledo”, que se centró en el estudio de la Botánica y la Astronomía, influyendo profundamente en esta ciencia hasta la época de Kepler. Tuvo gran importancia el artesano Azarquiel (1029-1100), al que se le deben las “Tablas Toledanas” y una serie de instrumentos de observación, de los que se conservan textos castellanos hechos traducir por Alfonso X el Sabio (“Los Libros de Saber de Astronomía”).

En el siglo XII destacó el gran filósofo, médico y científico Averroes, quién cayó en desgracia por motivos políticos perdiéndose sus obras filosóficas (prohibidas y quemadas) pero nos legó su gran obra médica “Kulliyyat” (1169). Otros andalusíes como al-Bakri o al_Gafiqi, entre otros, dan un gran impulso al estudio de las plantas medicinales, que se encuentran recogidas en la obra enciclopédica del malagueño Ibn al-Baytár (1248). Enumeró 1400 medicamentos de origen vegetal y mineral, rebasando con creces los conocidos en la antigüedad, ejerciendo una notable influencia posteriormente en el Renacimiento.

En el siglo XIII sobresalen, los mencionados anteriormente, Ramón Llull y Alfonso X el Sabio (1252-1284), quien, científicamente hablando, fue un sabio árabe. A él se le debe la transmisión a Occidente de los descubrimientos realizados en al-Andalus; simultáneamente, eruditos de Granada emigran a Oriente dando lugar a un intercambio científico internacional.

A partir del siglo XIV, los ataques cristianos acentúan una inestabilidad que, inexorablemente, acaba estrangulando el imparable crecimiento intelectual andalusí, muriendo finalmente con la toma del Reino de Granada en 1492. Hecho que finiquita el centro cultural de Occidente que fue la Península durante varios siglos, todo gracias a la convivencia de tres culturas que hizo crecer un árbol exuberante de deliciosos y exóticos frutos.

Conoce la Historia:

- Juan Vernet, La Ciencia en Al–Andalus. Biblioteca de la Cultura Andaluza

- http://www.funci.org/ : Fundación de la Cultura Islámica